ARTISTAS: Gustavo Sorzano y Nadín Ospina
IOCUS: LA ARQUITECTURA DEL HACER
“El juguete es la primera iniciación del niño en el arte”
Charles Baudelaire - Le monde Litteraire
Se ha entendido que el juego es una de las primeras actividades conscientes, inherentes y transversales realizadas por el ser humano. Es el espacio donde la imaginación cobra sentido, donde las reglas o acuerdos facilitan la experiencia, y donde al niño se le dota de las capacidades necesarias para crecer y entender el entorno en el que habita. En el juego se ensayan las primeras formas de interacción con el mundo, se construyen lenguajes y se desarrollan sensibilidades.
Ahora bien, el arte, al igual que el juego, está correlacionado con el desarrollo del ser: antes de escribir, empezamos a rayar, a dibujar y narrar con imágenes lo que aún no se sabe decir con palabras. En ambos, el acto de crear es el detonante y, a través de ellos, el significado de múltiples preguntas va tomando forma, liberando al individuo de las tensiones de la existencia.
Bajo la raíz latina de la palabra iocari (hacer algo con alegría), el arte y el juego revelan su parentesco más profundo, por lo que su relación con el placer resulta inevitable. En tanto experiencias creadoras, satisfacen la necesidad de la imaginación y el placer. Ambos son actos que buscan en última instancia una forma de satisfacción sensible, intelectual y emocional.
Desde esta perspectiva, la muestra IOCUS: entre la idea y el juego propone una lectura del trabajo de Gustavo Sorzano y Nadin Ospina (quienes son figuras seminales en el desarrollo tanto del arte POP como del arte conceptual en Colombia), como una exploración que teje vínculos entre la creación, la imaginación, la simbolización y el pensamiento crítico. A través del juego y el objeto, ambos artistas han construido universos que dialogan con la memoria colectiva, la historia del arte y las dinámicas de consumo en la contemporaneidad. En sus obras el arte POP y el conceptual encuentran un territorio fértil para indagar sobre las estrategias de apropiación y resignificación.
Desde esta óptica, la obra de Gustavo Sorzano (pionero del conceptualismo en el país) es un juego constante con el espectador. Para Sorzano, la obra sólo tiene sentido en la medida en que el otro pueda participar en ella y con ella. Sus composiciones inundadas de referentes de la historia del arte, y en este caso particular, donde toma como eje protagónico la imagen de la Monalisa de Leonardo y la aplicación cromática de Warhol, son evidencia de que el juego no es sólo una actividad lúdica sino que hace parte de un sistema de asociaciones que es fundamental en la creación artística.
Para Sorzano, la Monalisa es una imagen que no necesita introducción alguna, pues, según él, todo el mundo conoce quién es. Todos conocen su historia y, por tanto, es una figura que permite ser apropiada por el otro de manera espontánea, dejando así claro que el juego trasciende la representación para convertirse en un sistema cooperativo. Su obra desplaza el foco del objeto estático hacia la creación de eventos y estructuras relacionadas donde el espectador no es un observador pasivo, sino un jugador activo. Sus propuestas, profundamente ligadas al diseño gráfico y a la comunicación visual, plantean la obra como un conjunto de reglas o instrucciones que deben ser activadas por un tercero.
Asimismo, Nadin Ospina ha desarrollado una práctica reconocida por su aguda capacidad para interrogar los sistemas y jerarquías culturales, así como para interpelar los mecanismos de legitimación establecidos. Mediante la apropiación de íconos de la cultura visual POP amalgamados con piezas precolombinas, los juguetes de culto que hacen un señalamiento profundo sobre la situación de un país azotada por una compleja situación política, las representaciones a gran escala de figurines provenientes de su infancia y las imágenes sacadas de las series de japoanimación de las últimas tres décadas, construye el universo donde un lenguaje híbrido pone en evidencia los procesos de circulación, fetichización y consumo simbólico.
En sus obras, Ospina convierte al juguete en un detonante crítico capaz de activar profundas reflexiones sobre la identidad, desplazando cualquier certeza de lo conocido. Lo familiar aparece transformado y deja de ser inocente; aquello que parecía universal revela su condición histórica y cultural, desde la otredad, cuestionando así qué imágenes y qué culturas deben ocupar el centro del relato artístico y cuáles han sido relegadas a la periferia.
Aquí el juguete (símbolo de circulación masiva y estandarización cultural) se reconfigura como un dispositivo que expone las dinámicas de apropiación, exotización y consumo que han atravesado la historia del arte, convirtiéndose en dispositivos críticos que cuestionan las nociones de originalidad, autenticidad, identidad y valor, donde los tiempos y las referencias, operan como un puente entre el pasado y el presente, entre la experiencia íntima y el relato cultural.
Desde esta perspectiva, el trabajo de Gustavo Sorzano y Nadin Ospina trasciende la dimensión meramente lúdica y se aloja en el campo de la reflexión conceptual partiendo de un encuentro estético. En ambos casos, el juego se configura como una estrategia en la que jugar implica ensayar, combinar, desmontar y volver a construir sentidos, dejando de ser un gesto superficial para convertirse en una práctica contundente. A través de este proceso, tanto Sorzano como Ospina activan una experiencia que invita al espectador a transitar entre la fascinación visual y la reflexión conceptual, entre el placer y la pregunta.
Esta exposición propone un recorrido por obras que evidencian cómo el juego, el objeto y el significado se transforman en plataformas de pensamiento. Más allá de su apariencia accesible y familiar, estas piezas despliegan complejas redes de referencias históricas, políticas y culturales, inscribiéndose en un diálogo entre el Pop Art, el arte conceptual y las prácticas contemporáneas de apropiación y resignificación. Es aquí donde se encuentran dos trayectorias que, desde distintos enfoques, han contribuido de manera decisiva a una identidad de la plástica colombiana. Y es en sus obras donde se nos recuerda que el juego es también una forma de conocimiento y que aparenta ser simple, pero en la que habita una poderosa herramienta para pensar el mundo.
Camila Téllez P.
10 de Abril - 23 de Mayo 2026