“Al principio pintaba las historias en tonos de grises, pero el resultado era muy oscuro y agresivo. Por eso empecé a mostrar las escenas de una forma más colorida y vistosa, para acercar al espectador a ciertos temas difíciles”

Jorge Zapata


EL PINTOR DEL ANDÉN

El Pintor nos recibe en la esquina de La Paz con Cúcuta (en el centro de Medellín). De ahí hasta la entrada a su estudio hay que recorrer menos de media cuadra. El asfalto de esta calle, está cubierto por instalaciones temporales hechas con cambuches, desechos metálicos, cartones, y una amplia variedad de materiales; las aceras se camuflan con un tapete humano de seres inmóviles. Aunque es una calle llena de movimiento, este es lento y opaco. Es inevitable ver con estupor la dinámica de este lugar. 

La puerta de su estudio la custodia una mujer que está acompañada por un cachorro inquieto y juguetón. Apenas se abren las puertas, quedamos a ciegas. Al fondo se vislumbra un rayo de luz pequeño pero nítido que se cuela por las tejas del recinto. La oscuridad del lugar es envolvente y a la vez refrescante. El pintor nos invita a subir por un ascensor de carga que atraviesa el edificio, conduciéndonos hasta el último piso. Una vez llegamos, la luz se vuelve potente y el color recubre las paredes, miles de escenas acompañados por retratos de seres desconocidos cobran vida; muchas de las historias que se representan se cuentan por sí solas; otras, necesitan de la interlocución del artista que registra como una cámara fotográfica todo lo que acontece en el submundo de la zona del Bronx y sus alrededores.

Sus pinturas de carácter exuberante y de estilo primitivista, parecen no tener mayor pretensión que la de volver visible lo que hace mucho se convirtió en paisaje, un paisaje escondido para unos y cotidiano para otros tantos. Un paisaje de una urbe que constantemente recibe y que de igual forma, toma sin piedad. Los soportes que usa no le hacen justicia al arte tradicional, pues muchos provienen del piso de las mismas calles de esta zona que transita, conocida como la olla más caliente. Cartones, acrílicos rígidos, botellas, discos, pantallas de TV y CD’s, se vuelven un lienzo en blanco. No hay discriminación en cuanto al soporte, pues finalmente estos hacen parte del ejercicio de inclusión de aquella sociedad marginalizada e invisible recreada por el pintor.

Sus obras son realidades crudas que al ser representadas de manera colorida pasan por folclóricas e incluso ingenuas, pero se transforman ante los ojos absortos de quienes alguna vez, las vieron ajenas y porque no, exóticas.

Cada persona esconde una historia, que el pintor de alguna manera ha decidido inmortalizar. Así como lo hicieron los artistas de siglos pasados cuando retrataban a los héroes, los nobles o quienes de alguna manera hicieron historia. Sus pinturas en algunos casos son exquisitamente adornadas, llenas de detalles, de mensajes y de anécdotas, como la del Oso, o la de Alex, los ladrones y jíbaros que quedaron inmortalizados bajo los pinceles de este pintor, o la de Camila, una de las travestis de esta zona de Medellín.

El pintor es Jorge Zapata, ese artista que una vez llegó a esta zona del centro de la ciudad con la pretensión de hacer murales y hoy pinta la vida misma, con sus penas, sus azares, su belleza. Sus obras son el recuento del diario vivir de seres que son invisibles pero que no le permiten escatimar en detalles. La crudeza de las escenas y la bondad de sus retratos son el testimonio de que existe una vida intensa que pide a gritos no ser olvidada, y que merece ser contada como lo hace Zapata, mientras dibuja desde el otro lado del andén.

Camila Téllez Posada

9 de Agosto - 27 de Septiembre 2024

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