ARTISTAS: Jorge Zapata, Cristina Abad, Cristina Castagna, María Jimena Herrera, Stefany Layton y Angélica Teut


19 de junio - 8 de agosto 2026

 

POÉTICAS TOPOGRÁFICAS: Traducciones sobre el paisaje

 

 

“Hacer un paisaje exige una mirada profunda; el arte tiene que conmoverte”

David Hockney

 

El paisaje ha sido por siglos uno de los géneros pictóricos por excelencia. Su representación y evolución han estado marcadas por la íntima relación que ha tenido el ser humano con su entorno y con la necesidad de representar el mundo desde lo visible. Ha sido asociado a un horizonte, una montaña, un río o un bosque, a ese lugar de digna contemplación.

El paisaje fue y será, tanto escenario como protagonista. Ha sido contenedor de historias sagradas, míticas y mitológicas, de guerras y de reflexiones sobre la existencia y la inmensidad. Su protagonismo en la historia del arte ha mutado en conjunto con las preocupaciones de los artistas, pasando de ser un elemento relajado a un segundo plano para convertirse en tema de estudio como lo hicieron los maestros del Romanticismo, especialmente William Turner, quien dejó ver la fuerza de la tempestad, y Caspar David Friedrich, quien presentó la inmensidad de la naturaleza ante la pequeñez del hombre.  De igual manera, lo hicieron los impresionistas, quienes evidenciaron la importancia del cambio de la luz en estos entornos y la fugacidad del tiempo, dando paso al rompimiento en la fidelidad de la representación visual, que tuvo como resultado la creación de mundos fantásticos en el surrealismo y posteriormente, experimentaciones plásticas con nuevos medios y la misma naturaleza, como ocurrió con el Land Art. 

Hoy, la idea del paisaje suscita nuevas preguntas, y más que reproducir o representar un simple espacio, plantea reflexiones sobre cómo se construye la idea o la experiencia del territorio, entendiendo que esta no está libre de una interpretación previa. Antes de convertirse en imagen, atraviesa la memoria, el cuerpo, la materia, la cultura y la misma tecnología. Entonces la idea del paisaje nunca es vista de manera simple; esta se reconstruye constantemente a partir de nuestra experiencia.

En este sentido, la exposición Poéticas Topográficas propone comprender el paisaje no como un género artístico, sino como un proceso de traducción, donde cada uno de los artistas que hacen parte de esta muestra, parte de un territorio visible, pero renuncia a describirlo de manera literal, para transformarlo en otra cosa: un recuerdo, una superficie textil, un archivo material, un algoritmo o un espacio donde la ausencia física permite entender la continuidad. Depositando en él la experiencia humana. En otras palabras, dejando de ser un escenario para convertirse en un cuerpo que guarda memoria, tiempo, afectos y transformaciones; pues el paisaje no es únicamente aquello que contemplamos, es aquello que nos contiene.

Es así como cada topografía es una forma de lectura, que, si bien suele ser asociada a la descripción física del lugar, en este caso también es entendida como el conjunto de huellas, relaciones, recorridos y capas que configuran la experiencia del territorio; existiendo unas geografías visibles y otras imaginadas. Es por esto que esta muestra parte de la idea de ampliar la noción tradicional del paisaje, donde cada artista desarrolla una poética propia para revelar aquellas dimensiones ocultas del territorio. La montaña que se convierte en recuerdo, los residuos electrónicos que develan territorios físicos, el algoritmo que genera nuevas naturalezas, los hilos que enuncia las construcciones cromáticas, y los mares y árboles que proponen la continuidad de lo ausente.  

“Mirar el mundo con un solo ojo y desde un solo punto fijo es una convención artificial. Nosotros nos movemos, el espacio se mueve y la memoria altera lo que vemos”, dijo David Hockney, sugiriendo que el paisaje es una experiencia móvil, fragmentaria, construida por la memoria y el desplazamiento del cuerpo. Y es bajo esta premisa de Hockney, que esta exposición cobra vida. Aquí, el paisaje ya no es algo estático y distante, abandona su rol histórico como ventana contemplativa y se transforma en un sistema de pensamiento reuniendo el trabajo de seis artistas colombianos, quienes desafían el concepto tradicional de un género pictórico y lo traducen en nuevas topografías: geografías íntimas y expandidas que exigen ser transmitidas desde el cuerpo y la experiencia.

La muestra propone un viaje que subvierte las escalas, los medios y el soporte. El trayecto inicia en las geografías domésticas del estudio y el lugar de infancia de Jorge Zapata, recordándonos que el entorno primario es el habitar diario, las cuales nos llevan a la cianotipia de Cristina Abad que enuncia la ausencia de un ser querido donde el paisaje se convierte entonces en el repositorio de la memoria y una prolongación de la existencia, pasando luego a la transformación del desecho y la reflexión sobre consumo tanto de María Jimena Herrera como de Angélica Teuta, cuyas obras se configuran a partir de desechos tecnológicos y textiles, hablando de la obsolescencia de la tecnología y del residuo matérico de la confección, que se traducen en variaciones cromáticas, en texturas y en ritmos. Para luego llevarnos a las naturalezas artificiales creadas de manera virtual por Stefany Layton, las cuales exploran una inmaterialidad absoluta, llegando a la inmensidad de un mar de Cristina Castagna, que se configura como una fuerza absoluta y que precede nuestra propia existencia.

Hoy, el paisaje suscita nuevas reflexiones, y nos invita a preguntarnos si este sólo existe o es una construcción de la mirada, dejando de ser un simple lugar para convertirse en una experiencia y en una forma de pensar el territorio y pensarnos cómo coexistimos en él. Pues el paisaje no es únicamente aquello que contemplamos; es también eso que nos contiene.

 

Camila Téllez P.

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